El escondite de Ana Frank

El escondite de Ana Frank, fue una de tantas historias tristes ocurridas durante el Holocausto. sin duda una de las páginas más negras de nuestra historia reciente. los crímenes y atrocidades llevados a cabo por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, permanecerán para siempre en nuestro recuerdo.

Probablemente a muchos les hubiera gustado borrarlo de manera que pareciera no haber ocurrido nunca. Pero por desgracia, recordar un periodo tan oscuro y triste de nuestra historia, seguramente sea la única manera de evitar que nunca jamás vuelva a ocurrir. Como dijo Napoleón, ” Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, y es cierto.

El escondite de Ana Frank

Esta historia arranca durante la ocupación de los Países Bajos por parte del Tercer Reich. Muchas familias la mayoría judíos, se vieron obligados a huir de sus casas y exiliarse con lo puesto, deprisa y corriendo. Las tropas nazis acechaban por todas partes y sin cuartel, el miedo a los ajusticiamientos y a los campos de concentración era real y se palpaba en el ambiente.

Ana Frank y su familia
Ana Frank y su familia

Otra opción escogida por otros tantos fue esconderse, algunas veces por puro pavor de salir a la calle y ser apresados. Otros sin embargo, creían que la guerra no duraría tanto, y se resistieron a dejar sus casas y sus recuerdos. Tal vez de todas la opción más dura, pero abandonar la tierra de sus raíces para muchos no fue una opción.

Los perseguidos habilitaron espacios ocultos en sus casas, se encontraron familias escondidas entre las tablas de los somieres, en falsos fondos de armario e incluso dentro de pianos. Un horror que aunque ahora a los jóvenes les parezca muy lejano, en realidad aún es muy reciente.

Un ejemplo de estos últimos, de estos valientes que idearon los escondites más increíbles para no abandonar sus hogares, fueron los Frank.

La familia Frank

Otto Heinrich Frank era él cabeza de esta familia de judíos alemanes. Fue un teniente alemán excombatiente de la Primera Guerra Mundial, que con la llegada de los nazis tuvo que mudarse a Ámsterdam. Junto a él, su mujer Edith Hollander, y sus hijas Margot y Ana, esta última fue quien diera a conocer la historia de esta familia.

Annelies Marie Frank, o como se la conocería años después, Ana Frank, era una niña como otra cualquiera que vivía felizmente con sus padres. Al cumplir los trece el 12 de junio de 1942 su padre le regalo un diario al que llamó Kitty. En él empezó a escribir sus vivencias, se presentó a sí misma y a su familia y contaba cómo eran sus clases en el colegio.

Más tarde ya durante la ocupación nazi, relataba como obligaban a los Judíos a llevar las estrellas que debían llevar en público y a la vista. O de las primeras restricciones y persecuciones que presenció durante los primeros meses de ocupación.

La huida

Todo se torció cuando el 5 de julio de 1942 notificaron a su hermana Margot que debía presentarse para ir a un campo de concentración. Sin embargo su padre tenia previsto el fatal desenlace y había echo preparativos al respecto.

Otto tenia una empresa en un viejo edificio de Ámsterdam. Con ayuda de sus cuatro operarios de mayor confianza, ocultó algunas habitaciones del ático del edificio, y disimulo la entrada tras una estantería. Finalmente el 9 de julio de 1942 se trasladaron a allí.

Dejaron su antiguo apartamento, desordenado y revuelto, intentando dar la apariencia de haberse marchado deprisa y corriendo. Añadieron al engaño unos documentos desperdigados con el fin de hacer creer que habían huido a Suiza.

Marcharon prácticamente con lo puesto, apenas pudieron llevarse nada, no podían correr el riesgo de que es vieran portando maletas. Así que lo mínimo fue su único equipaje.

El escondite de Ana Frank, el traslado

Una vez allí debieron adaptarse a las duras condiciones de vivir casi como prisioneros en el “anexo secreto”, como lo llamo Ana.. Solo cuatro personas sabían que estaban allí, nadie más. Eran tiempos muy difíciles, de mucho miedo y nadie ayudaba a nadie. Ya fuera por afinidad a los ideales nazis, o por puro miedo. Cabe recordar que ayudar y dar cobijo a Judíos en aquel tiempo, estaba castigado con la muerte.

El escondite de Ana Frank
El escondite de Ana Frank

Así pues la ayuda de esos cuatro operarios que se jugaron el tipo cada día fue inestimable. Además de fundamental, pues eran quienes proporcionaban la comida y lo necesario para vivir, y también quien les hacía llegar las últimas novedades sobre la guerra. Cuatro verdaderos valientes.

En el escondite de Ana Frnk, el día a día era muy duro, arriesgado, repleto de tensión y miedo. Debieron adaptarse a la rutina de la fábrica para no levantar sospechas. La actividad de los obreros de los dos pisos de abajo empezaba a las 8:30, así que ellos se levantaban a las 7. Esa hora y media les proporcionaba el tiempo justo de poder asearse, desayunar y poner la radio para poder enterarse de las novedades de la guerra. Después de eso, el silencio más absoluto.

La sensación de peligro se palpaba a cualquier hora y en cualquier momento, y hubieron de fijarse reglas, normas y horarios para poder garantizar su seguridad tanto como fuera posible. Hacer ruido, reír toser o estornudar, fueron algunas de las medidas extremas que debieron adoptar para no ser descubiertos.

A pesar de todo los días fueros pasando y de una manera u otra sin más remedio aprendieron y aceptaron esa vida de clausura y clandestinidad. A finales de julio otra familia fue a el escondite de Ana Frank para vivir con ellos, los Van Pels, Hermann, Auguste, y su hijo Peter de 16 años. Y en noviembre Fritz Pfeffer, dentista y amigo de la familia. Estos fueron los ocho que permanecieron juntos todo aquel tiempo.

El Diario de Ana Frank

La joven Ana dando muestras ya de su vocación literaria, y ocupaba todas aquellas horas de absoluto silencio escribiendo su diario y notas sueltas. Narraba las vivencias y peripecias durante todo aquel tiempo en el Anexo Secreto escondidos del miedo.

La pena que le afligía el descubrir la poca afinidad con su madre, el vínculo que le unía a su padre,con quien si tenía una gran unión. E incluso los primeros sentimientos amorosos, que empezó a sentir por Peter Van Pels.

El escondite de Ana Frank
El escondite de Ana Frank

También como a medida que pasaba el tiempo se volvía más difícil el abastecerse de comida sobretodo, y lo imprescindible que resultaba la ayuda de los cuatro operarios. De los avances de la guerra, de los momentos de miedo y en definitiva la crónica detallada y diaria de los tormentos que sufrían como la mayoría de familias judías que vivían en esas condiciones.

Meses después escuchó en la radio, que cuando terminara la guerra se recopilarían escritos y las historias de quienes sobrevivieran a la guerra para publicarlas. Decidió entonces revisar y reescribir de nuevo el diario pensando en su posterior publicación.

El fin del silencio

Transcurrieron así dos años de reclusión y silencio hasta que la mañana del 4 de agosto de 1944, fueron descubiertos y capturados por la Gestapo. Durante largo tiempo se creyó que fueron víctimas de un informador que los delató. Pero posteriores investigaciones no dejan nada claro esta versión hasta el punto de afirmar que incluso podría haberse tratado de una casualidad.

Campo de concentración de Auschwitz
Campo de concentración de Auschwitz

Fuera como fuere aquella mañana fueron apresados y conducidos en camión hasta los campos de concentración. Los cuatro benefactores que durante dos años les prestaron su ayuda, también fueron capturados. Después de interrogados dos fueron a la cárcel, los otros dos quedaron en libertad. Estos últimos después de salir volvieron al Anexo Secreto, y fueron quienes encontraron los diarios y notas de Ana Frank. Que guardaron hasta ser entregados a su padre.

Ana y su hermana Margot fueron llevadas a Auschwitz, con otras 1017 personas. De ellas una vez separados hombres y mujeres 549 incluidos los niños menores de 15 fueron enviados a las cámaras de gas donde fueron asesinados. Ana y Margot se libraron en primera instancia de la masacre.

En febrero de 1945 una epidemia de tifus asoló todo el campo, se cree que murieron 17.000 prisioneros. Entre ellos Margot y Ana Frank, debilitadas y enfermas hacía mucho esta epidemia acabó con sus vidas.

De los 110.000 judíos de los Países Bajos que fueron deportados durante la ocupación nazi solo sobrevivieron 5.000. De los 8 habitantes del Anexo Secreto, solo sobrevivió el padre Ana.

El Legado de Ana Frank

Acabada la guerra, Otto Frank volvió a Ámsterdam. Mantenía la esperanza de encontrar con vida a su familia, pero en julio de 1945 fue informado de la muerte de su esposa y sus hijas. Fue entonces cuando uno de los operarios que les ayudo, le dio el diario de Ana.

El Diario de Ana Frank
El Diario de Ana Frank

No podía creer como no se había dado cuenta durante todo aquel tiempo de lo que su hija había estado haciendo. Tras leerlo, se sorprendió de lo bien escrito que estaba y de la. exactitud cronológica con la que había relatado aquellos dos años y medio de encierro.

Supo del deseo de Ana de convertirse en escritora, pues había dejado constancia de ello en el diario. Así que trato de llevar a cabo la última voluntad de su hija, e intentó publicarlo. No tuvo suerte al principio, y fue de manos de un amigo a otro recorriendo editoriales.

Hasta que un amigo Otto escribió un artículo sobre el diario, en el periódico Het Parool el 3 de abril de 1946. Escribió que el diario “pausadamente expresado en la voz de una niña, muestra todos los odios del fascismo, mejor que todas las evidencias de los juicios de Nuremberg“. Este artículo por fin atrajo la atención de los editores, que finalmente publicaron el Diario de Ana Frank, al que en principio de le llamó, Las habitaciones de atrás.

El Diario se convirtió con el tiempo en referencia de la lucha contra el fascismo. La crónica de una joven de 13 años, que se convirtió en el mejor testigo y en la voz más autorizada en la lucha contra el holocausto. Una triste historia que su joven autora tuvo a bien contar, para que la humanidad nunca jamás olvide lo que un día fuimos capaces de hacer.

 

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Sergio Bachs

Sergio Bachs

Devorador de libros, apasionado de la historia y redactor/editor en Tour Historia.

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