Desenterrar muertos era una practica habitual en las sociedades megalíticas

Un estudio realizado por investigadores de las Universidades de Granada ha demostrado que las sepulturas megalíticas no solo eran lugares de enterramiento, sino que también era habitual desenterrar los restos óseos para su uso en otras prácticas sociales.

Los investigadores apuntan que la presencia de restos óseos humanos entre los vivos debió ser una práctica habitual en las sociedades megalíticas, y estos restos pudieron haber sido considerados como reliquias utilizadas como medio para marcar y mantener importantes relaciones interpersonales.

El enterramiento en cámaras funerarias construidas con grandes losas de piedra conocidas como megalitos fue una práctica funeraria habitual durante más de 2500 años en buena parte de Europa occidental. Tradicionalmente se había asumido que estos lugares eran enterramientos colectivos, posiblemente familiares, donde a lo largo de amplios periodos de tiempo se iba sucediendo la deposición de diferentes individuos hasta formar auténticos osarios donde se entremezclaban restos que aún conservaban la conexión anatómica con otros que ya la habían perdido.

Estos huesos tienden a desaparecer, debido a su naturaleza más esponjosa que soporta peor las condiciones químicas de los suelos donde se depositan, la presión de los sedimentos o la fragmentación durante la reutilización de la sepultura. “Habitualmente, estos huesos aparecen infrarrepresentados frente a cráneos y huesos largos (como el fémur, húmero, tibia, peroné, radio o cúbitos, entre otros).

Las dataciones realizadas en dientes muestran, por tanto, un largo periodo de uso funerario que concluiría con el inicio de la actividad mortuoria evidenciada por los restos óseos. Ambos tipos de muestras aparecen cronológicamente secuenciadas, aunque estas últimas reflejan un corto periodo de uso, no más de unas pocas décadas.

Las diferencias en la fecha de muerte entre los individuos a los que pertenecían los huesos y aquellos otros a los que pertenecían los dientes evidenciaría que la sepultura 10 fue no solo un espacio funerario donde se depositaron restos humanos sino también que una parte de los restos allí depositados fue posteriormente desenterrada.

Pequeños huesos y restos esqueléticos cómo los dientes serían la evidencia de prácticas funerarias antiguas cuyos restos, principalmente cráneos y huesos largos, fueron extraídos para su uso en prácticas sociales y rituales diversas que desconocemos.

 

Quizás, como sucede en épocas históricas más recientes, estos restos óseos fueron considerados como la encarnación de lo sagrado, por tanto, como agentes sociales con su propia fuerza vital y con poderes sobrenaturales capaces de alejar el mal o propiciar el bien.

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