El antepasado de la aguja: el buril de Noailles

En yacimientos del periodo Gravetiense, de entre 29.000 y 21.000 años de antigüedad, se suelen encontrar numerosos buriles –herramienta con una barra de acero para cortar, marcar o ranurar–, miles en el caso de Isturitz en el País Vasco. Un equipo de investigación liderado por el Área de Prehistoria de la Universidad del País Vasco propone que este antepasado de la aguja, el buril de Noailles, se utilizaba para perforar piel o materias similares.

 

Autor Calvo con un buril utilizado en la investigación/Nuria González (UPV/EHU)
Autor Calvo con un buril utilizado en la investigación/Nuria González (UPV/EHU)

El anuncio: el antepasado de la aguja, el buril de Noailles

Un equipo de investigadores liderado por el Área de Prehistoria de la Universidad del País Vasco acaba de publicar, en la revista Journal of Archaeological Science Reports, un artículo dedicado a la funcionalidad de uno de los útiles más característicos y enigmáticos del periodo  Gravietense. Estamos hablando del buril de Noailles.

 

El artículo propone para dichos buriles un uso principalmente para perforar la piel o una materia orgánica perecedera, blanda o similar. Siendo así los antecesores de las agujas.

La muestra analizada proviene de las recientes excavaciones realizadas por el arqueólogo Christian Normand en la cueva vasco-francesa de Isturitz. Cueva que albergaba uno de los yacimientos más importantes de ese periodo de todo el continente europeo.

El trabajo presenta los resultados logrados en el análisis tecnológico, tipométrico, morfotipológico y, principalmente, funcional. Un trabajo apoyado por un programa experimental, sobre la colección de buriles de Noailles del nivel IV de la cueva de Isturitz. Este es uno de los pocos estudios sobre esta temática publicados hasta la fecha. Echo este que contrasta con la importancia y el número en el que suelen aparecer ese tipo de utensilios, del orden de miles en yacimientos como Isturitz.

Para que servian?

El buril de Noailles es un utensilio de reducido tamaño. Frecuentemente inferior a los 3 cm de longitud y los 2 cm de anchura, fue fabricado en la mayoría de los casos, sobre una pequeña lámina de sílex. A ésta se le aplica un retoque abrupto cóncavo en el borde distal, generando una pequeña plataforma llamada truncadura. A partir de dicha plataforma se elimina uno de los bordes laterales de la lámina; esto origina un extremo apuntado, que sería la parte funcional del útil.

La efectividad de esos útiles en ese tipo de tareas es muy alta, como así apreciaron los autores tras reproducir experimentalmente esa actividad.

El análisis evidenció que estos pequeños buriles son útiles altamente estandarizados, destinados a tareas especializadas y de precisión. En concreto, la distribución y el tipo de huellas de uso observadas en ellos a nivel microscópico, llevaron a los investigadores a plantear una hipótesis. La idea de que los buriles de Noailles de la cueva de Isturitz se usaron fundamentalmente en labores de perforación.  Principalmente de materiales de escasa dureza como la piel animal.

Ciertamente, la efectividad de esos útiles en ese tipo de tareas es muy alta, como así apreciaron los autores tras reproducir experimentalmente esa actividad. Todo eso puede relacionarse con lo observado en contextos funerarios de otros yacimientos gravetienses europeos como Sunghir (Rusia), Arene Candide u Ostuni (Italia). Yacimientos en los que se documentaron tumbas con ajuares formados por cientos o miles de cuentas. Estos adornos originalmente habrían estado cosidos a modo decorativo a prendas como gorros, chaquetas o pantalones.

Conclusión del estudio

Por ello, “los buriles de Noailles de la cueva de Isturitz pudieron ser empleados de forma similar dentro de procesos de perforación de vestimentas u otro tipo de elementos de piel para su decoración con cuentas u otros objetos similares. En ese sentido, el buril de Noailles precedería a las primeras agujas de coser (tal y como las conocemos hoy en día), que aparecieron en el periodo inmediatamente posterior al Gravetiense, el Solutrense”, destaca el investigador Aitor Calvo.

Fuente: Sinc

 

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