Trasmoz, el único pueblo excomulgado de España

Trasmoz, el único pueblo excomulgado de España

Corría el siglo XIII cuando la localidad fue excomulgada por celebrar aquelarres y fiestas paganas. Muchos Papas ha habido desde entonces, pero ninguno ha levantado el castigo

Las historias de brujería han creado un halo de misterio en torno a este pequeño municipio de Zaragoza

Hace ya varios siglos que un halo de misterio a rodeado a la pequeña población de Trasmoz. Las leyendas sobre brujas y aquelarres salpican su historia desde la Edad Media. El mismo Gustavo Adolfo Bécquer quedó seducido por esas histórias  y contribuyó a difundirlas. La Tía Casca es la más famosa: «Con sus greñas blancuznas, su formas extravagantes y su cuerpo encorvado» -según relataba el poeta romántico- se dedicaba a echar males de ojo y hechizos a los vecinos del pueblo, hasta que un linchamiento popular acabó con ella. Eso sí su alma siguió vagando por Trasmoz.

A las faldas del Moncayo, a pocos  kilómetros del Monasterio Cisterciense de Veruela, este pueblo -de unos 80 habitantes- es actualmente el único pueblo maldito y excomulgado de España.

Corría el siglo XIII cuando la localidad fue excomulgada.

Por aquel entonces Trasmoz era como una isla laica rodeada de todos los pueblos que pertenecían al Monasterio de Veruela. Según cuentan las leyendas, la actividad de las brujas estaba en aquellos años en su máximo apogeo y, entre los muros de su castillo, los aquelarres y todo tipo de actos paganos eran una constante.

Tiene un museo dedicado a la brujería y cada año, con la llegada del verano, se celebra una feria dedicada a las brujas, la magia y las plantas medicinales que atrae a cientos de visitantes al pueblo. Sin embargo, si hay una fecha señalada en el calendario festivo es la celebración de Todos los Santos, el Día de los Difuntos y, en Trasmoz, la noche de las ánimas.

Una celebración que viene de antiguo ya que tiene orígenes celtas. Se festejaba la llegada del imperio de las tinieblas, propiciadas por las largas noches invernales. Era el momento para que los espíritus aflorasen y vagasen entre los vivos. Tres son los rituales que se conjugan en estas fiestas: rezos, toques de campanas y prendimiento de luces.

En Trasmoz, la jornada festiva comienza por la mañana con la recolección de calabazas, donde los niños cobran especial protagonismo. Se adornan y se colocan para iluminar el recorrido que por la tarde noche realizarán en procesión. Como manda la tradición se reza el Rosario desde la Iglesia al cementerio, y allí tiene lugar un responso por las ánimas benditas. Una procesión en la que también es tradición entonar el canto de «Los gozos para las ánimas benditas», un cántico recuperado que se cantaba hace siglos en la localidad.

Una vez finalizan los actos religiosos, comienza una peculiar iniciativa: las Calles Terroríficas, en la que se recorren las calles y rincones del pueblo que esconden escalofriantes misterios. Una actividad en la que se retrocede en el tiempo, despertando a las ánimas del pasado.

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