Tal día como hoy la Segunda República entregó la Casa de Campo al pueblo

Aquel 1 de mayo el pueblo de Madrid se entregó a la algarabía. Cazaban conejos para condimentar improvisadas paellas, se subían a las copas de los árboles y se revolcaban ufanos sobre la jardinería decimonónica. Los más pequeños se perdían en la frondosa arbolada real y el alcalde anunciaba por la radio dónde debían recogerles. Lo que ocurrió en la Casa de Campo hace hoy 88 años fue lo más parecido a un happeninguna suerte de bacanal fruto de un descubrimiento impensable en la era de Google Maps.

La muchedumbre se topó de un día para otro con lo que viene siendo un edén

1.700 hectáreas de bosque ubicado en el suroeste de la ciudad se abrieron al público por primera vez en casi cuatro siglos. Un coto de caza real –perteneciente a la Corona desde 1556– que por obra y gracia de una recién parida República –habían pasado diecisiete días desde su proclamación– pasó a manos públicas. Fue así como la muchedumbre se topó de un día para otro con lo que viene siendo un edén. Tal y como reflejó en su día la revista Crónica, «los madrileños que en estos días de fiesta han pasado por los bosques inmensos del antiguo recreo real, que tiene más de viente kilómetros de perímetro, no salen todavía de su asombro al pensar que ‘todo eso’ pudiera estar en poder de una persona, cuando tantos cientos de millares se ahogaban en Madrid, sin lugares de recreo donde salir a respirar el aire puro».

El hallazgo contaba con una veintena de manantiales, innumerables acequias, más de media docena de puentes, tres arroyos, risueños parques, alamedas y varios estanques dispuestos para la práctica del patinaje sobre hielo y el remo. Viveros, picaderos y colmenas, unas setecientas ovejas y más de un millón de árboles constituían aquel derroche imperial cuyo descubrimiento llenó de alborozo al personal.

Era un desmadre; empezaron a hacer fogatas, arrasaron los parterres y una persona murió ahogada en el lago

Un día en la vida que quedó en la retina de muchos madrileños y que se ha perpetuado hasta nuestros días en cientos de sobremesas castizas como las de Juan García Vicente, vecino de la Casa de Campo que evoca para Público las vivencias de su abuelo político, Santos Gusano Bartolomé, brigada del Cuerpo de Carabineros encargado –sin mucha suerte– del orden y la seguridad aquella jornada histórica: “Era un desmadre; empezaron a hacer fogatas, arrasaron los parterres y una persona murió ahogada en el lago”.

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El ministro de Hacienda, Indalecio Prieto, firma ante notario y con la presencia del alcalde de Madrid, Pedro Rico, la cesión de los terrenos

La edición matutina del sábado 2 de mayo del diario ABC cifraba en 45 los heridos, todos ellos con pronóstico reservado, la mayoría «como consecuencia de la excesiva aglomeración y de algún exceso de vino y varias riñas habidas entre irascibles, que nunca faltan». Registrándose también «dos graves accidentes por haberse sumergido en el estanque grande, después de comer, dos imprudentes, que tuvieron que ser atendidos en la Casa de Socorro».

El despiporre fue tal que el recién constituido gobierno de la República, a través de su Ministro de Hacienda, el socialista Indalecio Prieto, tuvo a bien hacer un llamamiento público con el fin de templar los ánimos bullangueros del pueblo de Madrid: “La verdadera finalidad para la que el Ayuntamiento recibe y el Gobierno entrega el parque de la Casa de Campo no es para orgías, francachelas y merendolas, esto destruiría y desvirtuaría el verdadero sentido de la entrega y la honda labor cultural y de recreo del vecindario”.

Unas palabras que fueron refrendadas por el alcalde de la ciudad, Pedro Rico, apenas una semana después del festín, en una alocución recogida por el diario El Socialista durante la celebración oficial de la cesión en usufructo de los terrenos: «La República le entrega lo que hasta ahora fue coto real pero no para que lo destroce, sino para que en él halle instrucción, recreo culto y una fuente de salud para los niños de la República».

Fuente: Público.es

 

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