La entronización de Carlomagno

Un día como hoy del año 771, hace 1247 años, Carlomagno —soberano del reino occidental de los francos desde el 768— asumía el gobierno del reino oriental de los francos por la prematura muerte sin descendencia de su hermano Carlomán y conseguía reunir la totalidad de la herencia de su padre Pipí el Breve, iniciador de la dinastía carolingia. Carlomagno llevaría a cabo una política de expansión territorial muy agresiva a partir de los límites fronterizos del reino de su difunto hermano. Desde el Rosellón, que era dominio carolingio desde el 759, iniciaría una serie de campañas exitosas que culminarían con el desplazamiento de la frontera sur desde los Pirineos hasta la orilla del Llobregat.

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La concentración de todo el poder franco en la figura de Carlomagno resultaría decisiva para la formación de los condados catalanes. Su hermano Carlomán había centrado la proyección expansiva de su reino hacia la Europa del Este. Con el gobierno de Carlomagno, la frontera sur del reino franco —los marquesados de Septimania y Gotia, que corresponden al actual país del Languedoc— se convertiría en la plataforma de expansión territorial prioritaria. El año 785 incorporaba Girona y el territorio del actual Ampurdán; el año 788, Cerdaña y Urgell, y el año 801 entraba en Barcelonay también la incorporaba en el dominio carolingio, con los territorios actuales de Selva y Maresme.

Carlomagno dividió el territorio que más adelante se denominaría Cataluña en unidades administrativas y militares gobernadas por un conde nombrado directamente por la administración franca. Durante los reinados de Carlomagno y de su hijo y heredero Luis el Piadoso, los condes catalanes ejercían las funciones con carácter vitalicio, pero no hereditario. No sería hasta un siglo más tarde que los condes catalanes conseguirían convertir el cargo en hereditario. No obstante, los condes que Carlomagno nombró para gestionar los territorios sud-pirenaicos eran miembros de las viejas oligarquías de la Septimania, que habían sido fieles a los carolingios durante la invasión árabe.

Carlomagno nombraría a Rostán primer conde dependiente de Girona y de Besalú (785); Borrell, primer conde dependiente de Cerdanya y de Urgell (788), y Berà, primer conde dependiente de Barcelona (801). Todos estos personajes tenían en común la adscripción al clan familiar de los Belónidas de Carcasona, una poderosa familia visigótica que clavaba sus raíces en los antiguos territorios de la Narbonense y de la Tarraconense oriental (actuales territorios del Languedoc y Cataluña). Los Belónidas gobernarían los destinos de los condados catalanes hasta 1410, más allá de la independencia del 985, producida por el cambio repentino de dinastía en la corte franca de Aquisgrán.

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